Pintura y marco son recíprocamente dependientes, el uno incompleto sin el otro. Generalmente se los concibe como una única entidad estilística, como las molduras arquitectónicas que rodean los frescos o pinturas insertadas, o un tapiz con el borde entretejido; su fusión era un lugar común en el Renacimiento, cuando las pinturas y las esculturas en relieve se integraban con los marcos arquitectónicos de madera o mármol.
Muchas pinturas, sin embargo, han sido separadas de sus marcos originales. El promedio de divorcios, generalmente más alto en proporción a la edad de la pintura, es consecuencia de diversas causas. Debido a la facilidad con que transportan las pinturas sin marco, por ejemplo, la unión con el marco siempre ha sido vulnerable.
El acto de enmarcar también es señal de propiedad: las pinturas se reenmarcaban de acuerdo con los gustos de sus nuevos dueños; para adecuarse a un estilo prevaleciente en la decoración interior; o un marco estándar para una casa o una galería.
Camilo López
Marquero profesional