La Marquería se percibe
habitualmente como un Oficio o como un Arte, pero
raramente es visto como una Profesión,
y excepcionalmente como una Disciplina
Científica Auxiliar del cuidado de Patrimonio,
formando parte del engranaje general de Conservación-Restauración.
Esto no es una errónea lectura del público
o de los responsables del cuidado de Patrimonio,
sino que es parte de la propia percepción
que los Marqueros tenemos de nosotros mismos.
No negamos que el Enmarcado se nutre de un sinnúmero
de oficios tradicionales, como la Carpintería,
Ebanistería, Dorados, Lustres, etc, pero
también es hora de incorporarle parámetros
científicos y técnicos actuales
para enriquecerlo y aggiornarlo. La Marquería,
al igual que otras disciplinas como la Restauración,
puede y debería enunciar, su propia ética
profesional, pronunciar con claridad sus principios,
establecer sus límites y competencias,
sus responsabilidades, etc. Es decir, tener su
propio código deontológico.
Los marqueros muchas veces no somos totalmente
concientes que una Obra de Arte llega a nuestras
manos, pasando anteriormente por Museólogos,
Archivistas, Conservadores, Restauradores, y que
luego de nuestra intervención, va a volver
a manos de muchos de ellos, e inclusive de más
gente, como transportistas, coleccionistas o dealers
de arte, hasta llegar a ser ubicadas en stands
o salas de exhibición.
Nuestro trabajo resulta más coherente y
consistente cuando está inserto en estos
Equipos de Trabajo, y cuando el marquero es más
conciente de los pormenores que han rodeado y
que se someterá a esta Colección.
Hasta ahora todo parece bastante lógico
y nos lleva a hacernos una pregunta. ¿Por
qué que no ocurre esto? ¿Por qué
la Marquería se percibe como algo meramente
estético y los restauradores o responsables
del patrimonio raramente discuten de Conservación
con nosotros?
Una de las respuestas está dada por la
falta de funcionamiento en equipo de estas mismas
estructuras o instituciones, donde muchas veces
en museos y galerías no se establece un
trabajo coordinado entre sus propios departamentos.
Pensar esto es fácil, ya que tiramos el
problema afuera, pero no solucionamos nada.
También se puede pensar que otra respuesta
estaría en que muy pocos marqueros somos
concientes de la necesidad de la Conservación,
y menos de nosotros aún, conocemos más
allá de los principios básicos de
la misma.
Esta sería una consecuencia de que muchas
veces resultemos tan poco confiables, tanto para
los profesionales como para el público
en general. Agregando a todos estos datos, que
la cuarta causa en el mundo de deterioro de obras
de arte es debida al incorrecto enmarcado.
Si aceptamos este mea culpa, y nos ponemos a estudiar
seriamente, podremos invitar a los Conservadores
para que trabajen en conjunto con nosotros. Tal
vez de esta forma se puedan desarrollar normas
y estándares de conservación propios,
al igual que en otros países.
Cuando los Marqueros nos capacitemos responsablemente
en conservación, pasaremos a ser verdaderos
Guardianes del Arte, y ocuparemos
el lugar de consideración que deberíamos
tener.
No es, a mi entender, un sueño demasiado
utópico pensar que podamos trabajar conjuntamente
con los restauradores, conservadores, museólogos.
¿Es que no tenemos el mismo objetivo? Entonces
¿Por qué este divorcio?
Estas reflexiones no pretenden ir más allá
que poner un poco de luz sobre este tema, e invitar
a pensar las soluciones.
Camilo López
Marquero profesional
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